domingo, 26 de abril de 2020

MASCRENDIDO En la primera edición de la Enciclopedia Británica, nombran e intentan una definición de este animal, o cosa… o ente. Misteriosamente en las siguientes publicaciones desaparece de sus páginas. De acuerdo al historiador Inglés Scott Campbell, no lo incluyen por sugerencias de la Iglesia Protestante. Esto, se supone, es debido a que por un lado la fe se vería menoscabada y por lo tanto su poder, ya que sus preceptos quedarían sin sustento. Y por otra parte, algunos miembros de esta Iglesia, literalmente llaman a este “animal” El Diablo El término utilizado en la prestigiosa enciclopedia, esta extraído de los estudios realizados fundamentalmente por el historiador nombrado, el cual a su vez se basa en numerosas recopilaciones. Con diferentes nombres, con descripciones morfológicas notablemente dispares, es muy llamativo que a lo largo de la historia de este animal o cosa, su comportamiento es detallado siempre de la misma manera. Efectivamente, Campbell en su último libro, describe minuciosamente lo que a lo largo de la historia hacen los múltiples observadores, historiadores y actualmente científicos que detallan de diferentes maneras su condición física, pero unánimes en cuanto a su comportamiento. Los primeros vestigios escritos, se encuentran en el prestigioso museo General de Egipto, donde el conocido egiptólogo francés Marcel Durand, hace referencia al único papiro conocido y conservado de la época V, del periodo 1°. En este, aun hoy se pueden descifrar las palabras que lo describen. Más aun, todavía se puede percibir el horror con que fueron escritas. Luego se encuentran descripciones en los pocos jeroglíficos sumerios conservados. Se hallaron también referencias en la antigua cultura Antrades. Llamativamente casi sin diferencias entre los escritos egipcios y los jeroglíficos Aztecas, e Incas. Para algunos antropólogos, como Maximiliano Vargas, el australiano George Wastingotes, o los rusos Kamaloff y Marie Putin, solo para nombrar algunos, se encuentran vestigios o descripciones del Mascréndido en numerosas pinturas rupestres, por ejemplo en las cuevas de Bajamira, o el Cañón de los Pies, etc. Recientemente Naciones Unidas, luego de extensos debates, formó una comisión de científicos, provenientes de diferentes universidades, nombrados expresamente para estudiar al Mascréndido. Los primeros resultados, fundamentalmente provenientes de las Universidades de Salamanca en conjunto con Harvard, son bastante pesimistas. Nada se pudo comprobar de su condición física o anatómica. Los datos examinados, provenientes de diferentes lugares del mundo, los testimonios o documentos hallados de muy diferentes épocas históricas, son extremadamente confusos y contradictorios. Sí, se sabe –se supo siempre- de lo malvado de su comportamiento. Se puede afirmar que su maldad, literalmente, no tiene límites. Y es lógico que así sea, así como suponemos, que en el hombre, en su devenir, presente y futuro, su bondad podría no tener límites, de la misma manera el Mascréndido por correspondencia directa no puede limitar su maldad. Esta comisión elevó un primer informe, conocido como “Primer Informe preliminar del comportamiento del Mascréndido”, donde dan como un hecho absolutamente comprobado que el leit motiv motivo de este animal, es castigar a los humanos que no cometen hechos reprobables. Dicho de otro modo, todos aquellos que no roban, que no dañan a otras personas o al medio ambiente, todos aquellos bien intencionados, o de buena voluntad, son castigados. Los científicos, con justa deducción, afirman que su maldad es terrible, ya que castigar al malo, al ladrón, al que daña, es relativamente fácil: se lo merece. En cambio se debe ser muy dañino, para castigar al que ayuda a los demás o se sacrifica por los semejantes. Constataron otra inquietante realidad: la cultura a lo largo de los siglos cambia, se modifican las pautas morales y éticas, lo valores son siempre relativos, lo que en este momento es normal, en épocas pasadas podría ser catalogado como inmoral o viceversa, piénsese en la esclavitud, el trato discriminatorio, la relación de la sociedad con la mujer etc. Sin embargo esta bestia, de alguna manera desconocida por el momento, se adaptó a todos los tiempos y siempre castigó al que se consideraba bueno. De acuerdo a estos estudios, parece ser que en realidad, no ataca indiscriminadamente, sino que lo hace con aquellos que tienen conceptos definidos de lo que está bien o mal, obviamente cambiantes con las personas y los momento históricos, pero siempre dañando al de altruistas acciones. Otra característica, es que este animal o ente, ataca en forma totalmente solapada, solo se entera la víctima. En cuanto es infectado con la ponzoña del Mascréndido, nace la contradicción, la duda. Ésta, dentro suyo poco a poco mina su conciencia, su voluntad. Poco a poco se transforma en un ser atormentado: Si sigue obrando con bien, se siente fuera de lugar, si actúa como la bestia le aconseja, es una persona con remordimientos. El filósofo contemporáneo Amadeo Argento, con opinión no compartida por la mayoría de sus colegas, afirma que ésta es la condición humana, que el Mascréndido, así como la religión o las creencias nunca demostradas son un invento desesperado para poder soportar la finitud de la existencia. Entre las muchas opiniones, que se han vertido a lo largo de la historia, se destaca la del jurista romano Flavio Marquidemes, que supone al Mascréndido, como el único capaz de hacer que el ser humano crezca en su condición de tal, ya que al ponerlo en la duda, piensa, y lo que es más importante: decide. Tarquino
MÁXIMAS Un problema que no tiene solución no es un problema. Mao Tse Tung Como toda frase hecha o máxima, es una paparruchada, facilista sin ninguna profundidad, resumiendo: Limitada, y por lo tanto falsa. El tema comienza ante una dificultad o problema. Inmediatamente nos ponemos a tratar de encontrar una solución, obvio si descubrimos que no tiene solución, lo desechamos como problema. Reconozco que algunas cosas es muy fácil concluir que no hay solución: La muerte, estamos en un avión que por un atentado o lo que sea se le salió un ala, casi en seguida sabemos que Mao tenía razón. El tema pasa por casi todas las demás cosas de la vida cotidiana o común. ¿Cuándo nos damos cuenta? Aca comienza lo primero, preguntarnos si tiene o no resolución: nunca. Si hacemos caso a lo más elemental del proceso de crecimiento personal jamás debemos renunciar, “no te des por vencido ni aun vencido” diría el poeta. Entonces nos pasamos la vida tratando de encontrar la solución, más aun, podríamos encontrar una, y pensar que tal vez exista una superadora. Este caso es casi trágico ya que quedaríamos estancados, nunca podríamos avanzar, siempre existiría otra posibilidad. O seguimos esa primera conclusión, pero como no sabemos si es la mejor, continuamos ¿Exagerado? Totalmente, pero que alguien me explique cómo se resuelve este 1° inconveniente, me refiero a una argumentación racional, y no a un “ma si, dale para adelante” Podríamos hacerlo convencional. Todo aquello que no podemos resolver en un tiempo definido de antemano, pasa a ser un no-problema. En este caso también la frase es falsa, ya que no da los parámetros en que basarse, incluso muy complicado de resolver ¿El tiempo debería ser el mismo para cualquier persona? ¿Los más preparados en alguna especialidad deberían tener un tiempo distinto, que los que no estudiaron esa materia, o el tiempo que se les da incluye el estudio o preparación? Al tipo le duele la cabeza (problema) debe decidir si ir o no al médico, tomar tal o cual medicamento, aguantársela, etc. Más aun, debe decidir si es un problema o no. Me parece que darle tiempo para que estudie medicina, es un poco mucho, máxime con dolor de cabeza. ¿Entonces? Darse por vencido y que otro resuelva por él. De por si es triste, no saber tomar nuestras propias decisiones. Para eso prefiero el “ma si, dale para adelante” También puede ser que este Mao, que era bastante verticalista, lo que quería era que delegaran en el las todas las decisiones y/o acataran sus ordenes e incluso sugerencias. En este caso la frase no es una máxima, sino un mensaje subliminal para dominar a un pueblo. A CABALLO REGALADO NO SE LE REVISAN LOS DIENTES. Tonterías. Entiendo el mensaje, si te viene de regalo, no vas a andar cuestionando. Pregúnteles a los Troyanos si no debieron revisar el “regalo”. Pero. Siempre antes de cualquier cosa hay un “pero” Cuando debemos revisar los dientes del regalo ¿siempre? Seguro que el regalador en la mayoría de los casos se ofende. Entonces una primera conclusión seria: A las personas de confianza se les recibe el regalo sin mirar los dientes. ¿Y las que son queridas, pero no de confianza? Porque, a fin de cuentas, uno puede tener alguien muy querido, pero absolutamente irresponsable, por lo que podría regalarnos algo inconveniente o incluso perjudicial para nuestra salud. Pero entonces el ser querido e irresponsable se molestará al revisarle los “dientes” Una solución sería correr el riesgo. Entonces la frase debería ser: A caballo regalado por alguien de absoluta confianza, no se le miran los dientes, y aquellos que son queridos y posibles irresponsables, recibirlos y aguantar las potenciales consecuencias. Es una máxima un poco más completa, obvio aun así limitada, podrían aparecer otro tipo de personas regaladoras: Alguien que quiere quedar bien con uno, un proveedor, admirador, etc. Muy peligrosos, así que la frase se podría alargar un poquito: A caballo regalado por alguien de absoluta confianza, no se le miran los dientes, y aquellos que son queridos y posibles irresponsables, recibirlos y aguantar las potenciales consecuencias. No recibir sin revisar los dientes de aquellos que no conocemos debidamente. Otro problema casi sin solución, y digo “casi”, pues por las explicaciones de otra máxima nunca es del todo nunca. ¿Cuál es la pregunta de rigor?: ¿Cuándo conocemos una persona, incluso la más cercana? Yo diría por experiencias de muchos y hasta mía propia, que no se puede. Las personas cambian constantemente, por lo que sería imposible saber en el momento que nos regalan, quien es. Cuando esa persona compro el regalo, cuando pensó en regalarnos, es distinta por definición de la que efectivamente entrega. Me dirán que cuando eligió el regalo era casi la misma persona que al entregarlo, y si conocíamos a la compradora conocemos a la regaladora. ¡Error! La compradora no está con nosotros, cambio desde que la vimos por última vez, o no, pero no lo sabemos. ES MEJOR PÁJARO EN MANO QUE CIEN VOLANDO Otra paparruchada: Desde el vamos podemos inferir que para el pájaro que está en nuestra mano, no es mejor. Pero soy consciente que el refrán se refiere a que lo dice es un cazador de pájaros, o mejor dicho, un consumidor de pájaros, y entonces es preferible tener uno en la mano que cien libres y sin poder ser morfados. Pero el pájaro que tenemos deberá ser consumible, que no esté enfermo, que listo para su uso, no sea cosa que el muy maldito, sea un pájaro cazador y nos vea como comida. Se puede complicar más la cosa, supongamos que estamos en un avión pequeño, el pájaro entro por la ventana del frente, rompiendo el vidrio delantero del mismo, cae medio muerto en nuestra mano. Problemas: Nos produce lástima el bicho que choco con nuestro aparato, nos morimos de frio por la rotura del vidrio, notamos que el avión ya no es el mismo, le falta un vidrio, responde de otra manera a los controles. Resumido, hubiese sido preferible no tener ningún pájaro en la mano y disfrutar de cien volando. ¿Continuara?
LA CURVA DE LA MUERTE Ya hacía un rato largo que manejaba y charlaba con mi hermano en una ruta de la provincia de Buenos Aires. Campo y cielo, aburridos de, justamente, campo y cielo. Me avisó que debía bajar la velocidad, pues unos cientos de metros más adelante una curva se caracterizaba por peligrosa. Cabe destacar que mi hermano, Ingeniero trabajó por cuarenta años en la obra pública, y entre otras cosas fue el director técnico de ésta ruta y obviamente la conocía del derecho y el revés. Efectivamente, más adelante una curva muy cerrada, obligaba a bajar considerablemente la velocidad. El año pasado se mataron dos tipos en esta curva, se nota que no vieron el cartel que aconsejaba bajar la velocidad, me comentó. -Pero teniendo tanto campo, no podían hacer la ruta más derecha? -Solo ves campo, pero alrededor nuestro son todos bañados, lagunas pantanos, etc. Era muy caro, resultaba mas barato poner unos buenos carteles y guardarrail. -Los carteles los vi, pero del guardarrail, nada. -No lo pusieron, costaba N Pesos. -A ver dos vidas son mucho más que N Pesos. -Si es verdad, más aún por estadísticas se supone que en los próximos tres años, morirán otras tres personas. -¿? -Cuando se hizo la ruta, la provincia tenía un presupuesto acotado, no se podía gastar indiscriminadamente …, en realidad como siempre. -Pero la vida está por encima de cualquier presupuesto. -Justamente: Se eligió comprar un equipo de terapia intensiva para niños, costó N Pesos. En los últimos tres años se atendieron 15 chicos. -Pero eso es jugar a ser Dios, el estado decide quien se salva y quien no. - y …. -Que imbéciles que no vieron el cartel no?

sábado, 13 de abril de 2013

MALAS DECISIONES

El colectivo viejo y ruidoso. Gastado como sus ocupantes, pensó la mujer. El barrio por donde se adentraba tampoco ayudaba a mejorar el ánimo de nadie. A través de la suciedad del vidrio percibía las casas chatas, precarias, la mayoría sin revocar, negocios pequeños, mal iluminados, donde las mercaderías se ofrecían en carteles escrito a mano. Se quedo pensando en los alambrados de las casas. Cuando se colocan, para delimitar las precarias propiedades, son como prometedores, nuevos lustrosos. Es hermoso verlos brillar con las gotas de lluvia, parecen bailar de alegría. El paso del tiempo, o el descuido, los hace un motivo más de desazón. Las lluvias aflojan los postes clavados en la tierra, haciendo que todo el alambrado se incline, los alambres forman combas, se oxidan, ya hasta las gotas de roció parecen sucias. “Por suerte conseguí sentarme”. En cuento lo pensó, se dio cuenta que ese pequeño logro, más que alegrarla la entristecía, muy poca cosa, tan poca que es para llorar. Volvía de trabajar. Trece horas antes tomo un colectivo más o menos igual de cochambroso, en sentido contrario, y comprobó con pena, dolor y resignación que prefería el trabajo a estar en su hogar. “¿Hogar? ¿Que es un hogar?” En su casa, que ya no sentía que era “su”, la esperaban sus cinco hijos y el marido. Tampoco sabía si realmente la esperaban, solo estarían. “¿Esta es mi vida? ¿Qué hice, que hago mal? Este segundo que me tomo para pensarlo es único e irrepetible, no tendré nunca más ese instante, ya esta se fue, lo único que puedo es tratar de cambiar los próximos. ¿Podre? ¿Cómo?” La mujer todavía joven, se la veía cansada, con ropas muy usadas, sin pintura, el pelo con algunas incipientes canas, la comisura de los labios para abajo, su frente con arrugas, y a pesar de que en sus ojos todavía brillaba cierta frescura, la amargura dominaba su rostro. Veinte años atrás, se caso ilusionado y esperanzada de cumplir el sueño que prometían las revistas de moda. Tendría hijos, una casita de ladrillos, en un barrio amable donde por la tarde saldría a tomar unos mates con su marido y charlar con los vecinos. “¿Qué paso? Era fácil, lo único que había que hacer, era mantener la casa limpia, los chicos educados, al marido contento, buena comida, buena cama, el resto se daba solo.” Hizo lo que todas sus amigas, lo que le aconsejaba su madre, lo que debía. Se puso de novia con el Ramón, sus amigas se lo envidiaban: lindo, trabajador, jamás le escucho siquiera una palabrota. Se caso enamorada, y a medida que el tiempo pasaba, las cosas se fueron dando, todo lento, con dificultad, con mucho trabajo, siempre con la permanente esperanza de mejorar, de que le con el tiempo el sueldo de su compañero en la fabrica mejoraría. Hijos, en su momento una alegría que difícilmente pueda volver a sentir. Recordaba cuando lo despidieron a Ramón, la época era muy mala, lo único que se conseguía eran trabajos esporádicos. “¿Qué debería haber hecho?; ¿Tuve la culpa? ¿No debería haber salido a trabajar?” Sabia, era consciente que a su marido le molestaba que ella fuera la que mantenía la casa. Pero ganaba más limpiando calzoncillos ajenos cuatro días a la semana, que Ramón 14 horas diarias. “¿Qué tenía que hacer? Dejar que los chicos no comieran para que él no se sintiera mal.” Llego un momento que el marido se dio por vencido, solo conseguía changas, mal pagadas, semanas sin nada. Comenzaron a endeudarse, luego fue sencillamente perder lo conseguido. El terreno que con tanto sacrificio fueron pagando, se perdió y con él la casilla. Alquilar, mas deudas, por suerte le prestaron una casa, que poco a poco se convirtió en hogar, hasta ahora. El daño era irreversible, Ramón comenzó a beber, poco a poco su degradación, su depresión se hizo más y más grave. Volver a casa, todos los días lo mismo. Encontrar a su esposo en el mejor de los casos durmiendo, en la mayoría de las veces, borracho, agresivo, pidiendo –exigiendo- ser atendido. Los chicos, los más pequeños, sucios, mal comidos, imitando al padre con su vocabulario soez, despreciativo. Los más grandes indiferentes a todo. Ya hacía muchos años que abandono el inútil intento de recomponer a su pareja, lo consideraba un caso perdido. Alguien le comento que con un buen tratamiento sicológico podría mejorar. Económicamente imposible. Gracias que podían comer. ¿Es todo, esta es y será el resto de mi vida? ¿No hay alternativa? Estaría mejor sin el Ramón, seguro podría educar mejor a los chicos sin la influencia negativa del padre, el magro sueldo que cobra podría alcanzarme mejor ya que no tendría el gasto del marido, y hasta podría pensar en conseguir una nueva pareja que la ayude un poco con la casa y los gastos. Lisa y llanamente “sacárselo de encima”. Lo pensó y le dio pena y ternura, fue su compañero por veinte años, es el padre de sus hijos. Sin embargo ya no lo es, ya no es “su hombre”, ya no aporta, no educa, no sirve para nada, más bien es un ancla que no deja avanzar ni a ella ni a los chicos. Se acordaba que consulto en el tribunal de familia. Gracias que la atendieron, después de esperar cuatro horas, perder el día de trabajo y el presentismo en la empresa. Lo que le dijeron era para reírse: Usted debe hablar con su esposo, debe convencerlo para que deje la bebida. También puede hacerle juicio por alimentos, para que trabaje. ¿Y si no quiere? Y bueno señora debe insistir… Es increíble, pero estoy deseando su muerte, más increíble aun es que no me escandalizo de mis propios pensamientos. Aun más, creo que soy capaz de cualquier cosa. Recordó que varios veranos, de chica, lo pasó en una estancia donde unos parientes era puesteros. En una oportunidad debieron sacrificar un caballo ya viejo. Le explicaron con sencillez que ya no serbia, mantenerlo costaba dinero, no podían darse el lujo de sentimentalismos. Que feo, pero su pareja costaba, mucho, muchísimo más de lo que podía soportar. Hasta pensó con cierto sarcasmo que era una obligación de su parte, como deber para con sus hijos. Se bajo del colectivo tranquila, por lo menos ya tenía una alternativa, debía buscar una mejor, pero de no encontrarla, una variante a su vida existía, por lo menos eso…

viernes, 27 de enero de 2012

LA MUERTE DE UN ESTUPIDO

Se notaba lujo, mucha plata.
El fotógrafo no se sorprendió con lo que veía. Para cualquiera seria un espectáculo por lo menos impresionante, para el no.
El cadáver tirado en una posición grotesca, la cabeza colgando, apenas retenida por lo que en su momento fue el cuello.
Sangre. Siempre mucha sangre.
Recordó una conversación con su mujer. Obsesivo no pudo dejar de hacer un comentario ante un programa de televisión:
-No es así, cuando un tipo se desangra, es mucha más de lo que muestran, tenemos cuatro litros, imagínate, por lo menos uno o dos se desparraman, pensa un litro de agua el enchastre que hace, encima la sangre es más densa, y obviamente por su color más llamativa.
-La verdad no te pregunte nada.
El fotógrafo policial, como siempre, comenzó por registrar en su mente la escena, primero veía en su cabeza la secuencia de la acción, lo que sería la futura serie de fotografías. Noto la sangre en toda la habitación, la víctima se defendió, a pesar de los golpes recibidos, lucho por su vida. Incluso con la garganta cortada, se movió de un lado a otro, o tal vez solo fue la desesperación de saberse muerto.
Saco fotos de los muebles rotos, las copas en el suelo, algunas con lápiz labial todavía visibles, saco fotos de lo que fue una lucha desigual entre la víctima y sus agresores. Fueran varios.
Saco la foto de un vomito, concluyo a priori que no era de la víctima.
Su jefe, que le encargo la tarea, le comento que el tipo usaba esa habitación, detrás de su despacho, como especie de bulín. El ya lo conocía por fotos de las revistas de chimentos, un tipo con suerte: promotor de futuras modelos.
El fotógrafo tenía demasiados años en la policía como para ignorar, que en realidad este tipo con suerte, era un cafiolo moderno.
“Parece que se le termino la suerte”
Noto el mal gusto del promotor, mucho lujo, mucha plata, exageradamente ostentoso, la habitación sola, sin contar el despacho, era más grande que todo su departamento, muy recargado con fotos de el mismo acompañado por reconocidos artistas, deportistas, políticos. Un televisor como jamás vio, sabanas con dibujos de animales, lámparas y muebles pretensiosos.

Tres días más tarde estaba la noticia en el periódico: “Reconocido y prestigioso promotor es hallado muerto en sus oficinas”
Causa estupor en nuestro medio el lamentable hecho. Al parecer luego de una violenta discusión con su agresor, Poncho Moto recibió heridas de tal consideración que le provocaron la muerte. En declaraciones exclusivas a nuestro diario, fuentes policiales reconocieron desconocer el móvil del homicidio, no descartando razones pasionales.
En declaraciones radiales, su asistente personal, asegura encontrarse desolado con la noticia, ya que como asegura el mismo era una persona muy querida y respetada por todos sus colaboradores, clientes, amigos y familiares.

***

La chica leyó el titular, luego levanto la vista y se vio en el espejo, poco a poco y sin dejar de mirarse comenzó a llorar. Lloro de impotencia, de susto, de dolor, de frustración.
Solo una semana antes, con su amiga de toda la vida, bajaron a la ciudad. Un viaje largo, donde no pudieron dormir ni una hora. Todo el camino conversando, haciendo planes, ilusionándose con un futuro que avizoraban maravilloso.
Parecía que paso una vida desde que vieron al promotor por primera vez en el pueblo, que les prometió lo impensable. Por fin, se ilusionaron, conocerían el existo.
Recordó con bronca, la segunda vez que lo vieron, cuando se dieron cuenta que solo era un vividor, o peor, un estafador. No podían creer lo que el tipo les exigía, les daba asco.
Con horror recordó la última vez. Podría haber sido ella, tanta rabia, tanta impunidad del tipo, se lo merecía.
“Lástima el vomito”

***

El hombre, con ademanes femeninos, le explicaba al policía:
-Si, yo era su asistente.
-Se lo merecía, era una mala persona, no lo quería nadie.
-Yo, ese día estaba de viaje, así que no sé nada de lo que paso.
-Lo único que puedo decirle es que tenía la costumbre de traer jovencitas al cuarto que tiene atrás del despacho, donde lo encontraron, y bueno, usted imagínese.
-¿La esposa?: una santa, nunca lo engaño, jamás.
- No, no se porque estaba ese día con las demás chicas. El degenerado la abra llamado de puro sádico.
-A las dos nuevas, prácticamente no las conozco, son del interior creo. La otra, que usted nombra, si hace bastante que trabajaba para Poncho, me dijo que estaba embarazada. Que se yo, quien las entiende.
***

El grito la despertó, raro, ya estaba acostumbrada. En la cárcel es común escuchar gritos, por pesadillas o por castigos o porque si, siempre se escuchan.
Su hijo al lado, siguió durmiendo.
“Tres años ya”
Lo miro con amor y tristeza, tarde o temprano le tendría que decir.
Mientras recuperaba el sueño, una vez más recordaba esa noche: el muy maldito la cito junto con las dos pueblerinas, y como si fuera poco a la esposa. ¿Para qué?, ¿Para burlarse de todas?
Recordaba como en cámara lenta, las chicas más que sorprendidas, desilusionadas, la esposa histérica, la navaja sobre el escritorio, todas, las cuatro insultándolo, y el que se ríe, y me golpea.
La policía dice que fue ella la que lo mato. Puede ser, no se acuerda. Sería lo justo, por su culpa, por su vomito, todo se aclaro. Lo que si se acuerda, es que el hijo que duerme a su lado heredara a su padre…, el renombrado promotor, tenía mucha plata.
Lo arropo con amor, pero no pudo evitar la tristeza: tarde o temprano se lo tendrá que decir.
Supuso que cuando el chico averiguara por su cuenta, o comprendiera que ella fue la que lo mato, se lo tendrá que decir.
Y se lo dijo, en voz baja, sin que nadie la sintiera, sabiendo que en algún momento tendrá que decírselo y ser escuchada:
-Hijo, tu padre era un estúpido.

sábado, 21 de enero de 2012

CARTONERO

El calor de ese día era insoportable. Por supuesto dentro del auto, con el aire acondicionado a full no se notaba, pero solo dentro del vehículo.
Cuando me detuve en la bocacalle por el semáforo, justo delante de mí se paró el carro del “cartonero”.
En esa esquina se formo un gran charco de agua y el caballo comenzó a beber del mismo, quedando el carro en medio de la avenida, obstruyéndome la circulación
Lo primero que me llamo la atención fue la delgadez del equino, me pareció que era bastante viejo, si bien no entiendo de animales, pero por su pelaje deslucido y su manera de moverse supuse vejez, además era chico, de baja estatura. El carro también muy chico.
Caballo y carro contrastaban notablemente con los ocupantes, grandotes, parecía que sobraban por los costados del carro. El que parecía conducir y quedaba directamente enfrentado con migo, muy sobrepasado de peso, estaba vestido solo con un pantalón que había sido recortado un poco más arriba de la rodillas, su torso descubierto brillaba con la transpiración y realmente el espectáculo de su abdomen, (panza cervecera) sobrando por encima de su pantaloncito era bastante desagradable.
Tenía cara de malo, con el seño fruncido, barba de tres o cuatro días, la boca grande con un gesto de rabia contenida. Sus ojos igual. Todo el denotaba abandono amargura, bronca y resignación.
Me pregunte si le pegaría a su mujer, me pregunte como se comportaría con sus hijos. Pero esas preguntas y sus respuestas me las hice después. Luego de que por fin el caballo terminara de beber y el carro avanzara lo suficiente como para que mi auto los pasara por detrás y ya en la ruta divagara sobre el tipo.
Tal vez por prejuicioso, no creí que sea un hombre de sonrisa fácil. A lo mejor con sus amigos, si su equipo de futbol gana y luego de algunas cervezas.
Me pregunte ¿Cómo será su relación sexual? Teniendo en cuenta su volumen, no lo imagino encima de nadie, ¿Sera a las apuradas o se tomara su tiempo? ¿Cómo será su mujer? No sé porque me la represente flaca y consumida, vestida con ropas miserables, desgreñada, rodeada de un montón de chicos sucios y descalzos. También puede ser que sea gorda, mandona y gritona, de risotada fácil.
Al tipo amargado o triste, no lo supuse sumiso, más bien parecía que estaba como en guardia permanente. Y pensándolo, a lo mejor tenía razón, tal vez toda su vida fue una lucha desigual, donde en cada batalla él era el vencido.
No debió ser fácil vivir en una villa, donde el calor, o el frio, se sienten más, no debió ser fácil “superarse”, cuando de pibe se está solo, y lo que se aprende en forma “vivencial” es que o pegas o te pegan.
Es probable que ante su fracaso de vida, de alguna retorcida manera afirmaba su personalidad a través del maltrato a los más débiles: su mujer y sus hijos.
¿Tendría en algún momento del día un sentimiento de ternura?, ¿Alguna vez le habar besado el cuello a su mujer, sin intención de sexo? ¿Como responderá ante una pregunta que no puede contestar por ignorante? Sobre todo, ¿cómo le responderá a un hijo una pregunta que lo incomoda?
Pero estas preguntas me las hice después. Mientras el caballo bebía, el tipo vio que yo no podía pasar y me miro directamente a los ojos –creo- que desafiante, yo mire al caballo, encogiéndome de hombros y con una media sonrisa, le di a entender que primero estaba el animal. Estoy seguro que el tipo no sintió condescendencia, desafío, o lastima, simplemente vio lo que era: mi intención de que el caballo saciara su sed, nada más.
Cuando por fin dejo de beber y pase, nos miramos y lo salude vagamente con la mano.
Y en ese momento sucedió, contra todo pronóstico, me dedico una sonrisa tan amplia y sincera que lo atribuí casi a un milagro, (prejuicioso de mí).
Después, ya en la ruta, me permití suponer que mi gesto de saludo, a un tipo como ese, logro que por lo menos un momento dejara de ser un amargado, y ya muy pagado de mi mismo, suponer que ese día, (tal vez solo ese día), su vida y de los que lo rodean sea un poquito más agradable.
20-01-2012

viernes, 7 de enero de 2011

ROMPER LAS REGLAS

Exactamente a las 6 horas 59 minutos sonó el despertador… Como siempre.
Tres segundos después estaba apagado.
Su mujer siguió durmiendo y él, sin hacer ruido, comenzó su día.
Sabía que las reglas de convivencia son importantísimas, o por lo menos creía saber, eso le enseñaron.
Cuidadosamente se afeito, pelo y contra pelo.
“Porque de esa manera aun por la tarde tendrás la cara como de recién levantado”
El desayuno, bastante abundante, “es la comida más importante del día”
Luego de ducharse se vistió con un traje de “media estación” de corte clásico, se anudó la corbata, recordando una frase de su padre: “A un hombre con corbata, siempre se lo escucha primero y con más atención”

Camino al trabajo, en su auto, tomando agua directamente del cuello de la botella, que, previsor tomo de la heladera, el embotellamiento diario no lo sorprendió.
Sin embargo ese día se sintió extraño. Uno más, al igual que todos, yendo al trabajo, “a cumplir con la obligación”. La noche anterior, ceno en familia, besó y arropó a sus hijos cuando se fueron a dormir, miro un rato televisión con su mujer, se lavo los dientes, leyó un rato en la cama y se durmió pensando en la telefonista del trabajo.
Recordó que el fin de semana, reparo le luz del dormitorio, lavo el auto, corto el césped, jugó con sus amigos el clásico partido de los domingos. Por la noche charlo por teléfono con su padre.
En medio del tránsito detenido, con mucho tiempo para pensar en nada, sintió que no pertenecía, que no debía estar en ese lugar.
Por primera vez noto que todos los conductores vestían prácticamente igual que él, todos tenían la misma mirada perdida. ¿Esa es mi mirada?

A poco de pensarlo, se respondió que sí, que el señor del auto de al lado, o del frente o el de atrás… eran él.
“¿Qué está mal? Hago lo que debo hacer, me ocupo de la familia, cumplo con las obligaciones. ¿Sera eso?”

El transito avanzaba muy lento, miro al conductor de la izquierda, luego al de la derecha. Sintió pena por ellos: no se daban cuenta…
Uno de los conductores se dio vuelta para su lado y le hizo un gesto, como de complicidad.
Ese, justo ese momento y ese gesto le dieron la pauta que “él” debía cambiar.
Con un gesto deliberado y parsimonioso, abrió la ventanilla, y mirando directamente a los ojos del otro conducto, tiro la botella vacía al pavimento.

7-1-2011